Centellas sin Chispa: Puebla Conquista Aguascalientes

La tarde del 8 de septiembre en Aguascalientes arrancó con un aguacero que retrasó media hora el inicio que estaba programado para las 5:00 p.m. El Estadio Victoria abrió sus puertas a las 4:15, pero apenas sesenta almas se refugiaban bajo las gradas, resistiendo la tormenta. La lluvia golpeaba con fuerza la puerta 8, como un presagio. Y cuando finalmente, a las 5:30 p.m., sonó el silbatazo inicial, comenzó un duelo que para las Centellas no era negociable: tenían que ganar.

Desde el calentamiento se notaba el contraste. Puebla salió con firmeza, puntual, a las 5:05. Necaxa, disperso, apareció tarde y entre bostezos, con el sonido de Thunderstruck intentando encender un ánimo que nunca prendió. En las gradas, apenas familiares y algunos fieles daban color a una tarde gris.

El arranque fue un espejismo. Al minuto 2, las Centellas ya habían probado a portería. Pero la ilusión duró poco. Puebla, bien parado con su 5-2-3, se dedicó a cerrarle espacios al 4-2-3-1 necaxista. Y al 19’ llegó el golpe que torció la historia: Miriam García ganó por arriba en un tiro libre y con un cabezazo fulminante venció a Jennifer Amaro. 0-1. Un baldazo de agua fría sobre un Victoria ya empapado.

A partir de ahí, el partido fue un reflejo cruel: Puebla con orden, Necaxa con impotencia. Los intentos locales se estrellaban en la defensa liderada por Rubí Villegas y Jaqueline González, mientras Ana Torres vivía una pesadilla contra Cynthia Rodríguez, que la desarmó una y otra vez.

El primer tiempo se fue entre frustración y murmullos. Necaxa tenía la pelota, pero no las ideas. Puebla, en cambio, cada vez que atacaba rozaba el segundo. Al 47’, un disparo visitante se paseó por la línea tras varios rebotes, quedando a centímetros del 0-2. Fue un milagro que el marcador no se ampliara.

Y como si el destino quisiera hacer cruel la historia, Necaxa tuvo su jugada más dramática en el complemento: un disparo rojiblanco se estrelló en el travesaño, rebotó en el área chica y el contrarremate volvió a dar en el poste. En tercera instancia, un nuevo disparo parecía encontrar red, pero Silvia Machuca se lanzó para atajarlo, y en última esfuerzo, la zaga poblana despejó a saque de banda. Ni la fortuna quiso ponerse del lado rojiblanco.

El técnico local buscó soluciones: Ramos al 58’, Medellín al 78’, Burks y Gallardo al 88’. Nada funcionó. Y cuando Puebla se quedó con diez por la expulsión de Dulce María Martínez al 67’, y durante unos minutos incluso con nueve por la lesión de Josselyn Solís, Necaxa tuvo la mesa servida. Pero no supo qué hacer.

La afición perdió la paciencia. Los gritos bajaban como dagas: “¡No sirven para nada!”. Al entrenador lo sepultaban con ironías: “¡Se nota que entrenan mucho!”. El divorcio entre tribuna y cancha fue total.

Puebla, con temple, cerró filas. Ajustó con Paulina Suárez, Ianne López, Sebelle Rojas y María Deseales para reforzar la trinchera. Y Machuca, en la portería, fue figura con un manotazo salvador al 89’. Ni los 12 minutos de compensación rompieron el muro visitante.

El 0-1 final fue un mazazo para Necaxa y un alivio para Puebla. Los números son lapidarios: las Centellas remataron 6 veces al arco por 3 de las visitantes, tuvieron 94 ataques contra 98 y gozaron de superioridad numérica. Pero nada de eso sirvió. Puebla, que llegaba con 12 derrotas en 13 partidos y ocho caídas en nueve visitas, sacó tres puntos con orgullo. Necaxa, en cambio, sumó otro tropiezo: siete de sus últimos ocho juegos sin ganar.

El mensaje fue contundente: Puebla venció con coraje, Necaxa perdió con vergüenza… y hasta la suerte le dio la espalda.

Texto: Joaquín Marín

Fotos: Luis Morga

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