Humillación Total: Centellas cae 6 – 0 ante las Bravas de Juárez

Las Centellas de Necaxa perdieron 6-0 ante Bravas de Juárez en la tarde de hoy, en un partido que desde el planteamiento ya estaba condenado. Necaxa se mantuvo todo el tiempo replegado, plantado en su propio campo, sin una idea de juego clara, sin intención de proponer y sin herramientas para competir. Fue un equipo pasivo, reactivo y completamente superado desde lo táctico.
En lo estadístico, la diferencia es igual de contundente que el marcador: Juárez terminó con 22 tiros, 13 de ellos a puerta, mientras que Necaxa apenas registró 1 disparo y ninguno con dirección al arco. La posesión también lo dice todo, 71% para Bravas de Juárez contra un 29% de Centellas. No fue solo dominio, fue control total del ritmo, del espacio y del balón.

Los goles llegaron por conducto de Karime Abud al 43, Aurélie Kaci al 45+5 y al 78 (doblete), Noemí Granados al 45+6, Ella Sánchez al 54 y Blanca Solís al 88. Es especialmente grave que dos de esos goles cayeran en el tiempo agregado del primer tiempo, un momento donde lo mínimo que se espera es orden y concentración. Necaxa mostró todo lo contrario.


La defensa fue, sin rodeos, el principal problema. Mal posicionada, sin coordinación en las coberturas, perdiendo las marcas con facilidad y sin capacidad de achique o presión tras pérdida. Juárez encontró espacios entre líneas con demasiada facilidad y progresó sin oposición real. Hubo jugadas donde las futbolistas rivales avanzaban sin que nadie saliera a presionar, como si el bloque defensivo simplemente acompañara la jugada en lugar de competirla. No fue solo desorden, fue falta de intensidad y lectura táctica.
En ataque, el panorama no mejoró. Las pocas veces que Necaxa intentó salir, no logró darle continuidad a las jugadas. No hubo claridad en el último tercio, ni asociaciones, ni desmarques efectivos. En la mayoría de los intentos, el balón se perdía antes de poder superar la línea defensiva de Juárez, ya sea por imprecisión o por falta de recursos colectivos. Fue un equipo sin profundidad y sin capacidad de generar peligro real.

Dentro de este contexto, lo único rescatable fue la actuación de Jennifer Amaro en la portería. Su intervención evitó que el resultado fuera aún más amplio, respondiendo en múltiples ocasiones ante disparos claros y sosteniendo, dentro de lo posible, a un equipo que nunca logró equilibrar el partido.

El 6-0 no es un accidente ni un exceso circunstancial, es el reflejo directo de un equipo que no compitió, que no tuvo estructura y que, sobre todo, no mostró una idea de juego en ningún momento del partido.

 

Texto: Joaquín Marín, cuarto semestre LCI

Foto: Abraham Medina, cuarto semestre LCI

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