Necaxa inauguró el Apertura 2026 con una remontada agónica tras derrotar 2-1 al Atlante en el Estadio Victoria, arruinando así el regreso de los Potros de Hierro a la Primera División con un gol de Pedro Pedraza en los minutos finales del encuentro.
Para mí el partido había comenzado varias horas antes del silbatazo inicial.
Una vez más me tocó hacer el recorrido desde Teocaltiche hasta Aguascalientes. Salí de casa para llegar a la central alrededor de las 3:30 de la tarde y tomar el camión de las 3:55 rumbo a la capital hidrocálida, aunque el plan se complicó desde el inicio, ya que el autobús terminó retrasándose y no salió sino hasta las 4:30 p.m.
La verdad no me preocupé demasiado por el retraso, ya que el partido comenzaba a las 7:00 de la noche y, en teoría, todavía tendría tiempo suficiente para recoger mi acreditación y entrar al Estadio Victoria sin mayores complicaciones.
Después de un viaje de aproximadamente una hora con cuarenta minutos, finalmente llegué a Aguascalientes cerca de las 6:10 de la tarde y de inmediato me dirigí a tomar un taxi rumbo al estadio. Para mi suerte no había fila en la base, así que rápidamente me asignaron uno.
Antes de arrancar, el chofer soltó la clásica carrilla preguntando si nadie más iba para el Victoria, como si aquella noche no hubiera partido.
En eso un chavo con la playera del Necaxa dijo que él también iba para allá y se acercó al taxi. Yo le respondí un simple “pues vámonos”. La verdad ya lo había visto esperando el camión desde Teocaltiche, así que no me dio desconfianza compartir el viaje.
Durante el trayecto platiqué con él y me contó que se llamaba Edwin y que incluso había jugado un tiempo en las fuerzas básicas del Necaxa. Me dijo que le tenía fe al equipo pese a las bajas importantes que había sufrido para este torneo y también me habló muy bien de Luis Jiménez, quien esa noche debutaba como titular con los Rayos. Según Edwin, ya lo había visto jugar en la Sub-22 y era un portero con muy buenos reflejos y condiciones bajo los tres palos.
Llegamos al Estadio Victoria y antes de despedirnos me preguntó si no quería acompañarlo al partido. Resulta que tenía cuatro boletos, pero sus amigos no habían podido asistir y le habían sobrado entradas, así que me ofreció una.
Le dije que no.
Al final iba acreditado por parte de Locus y solamente tenía que recoger mi acceso.
Grave error.
Llegué a la zona de acreditaciones y cuando fue mi turno expliqué que acudía como reemplazo de mi compañera Estrella, quien no pudo asistir porque no se encontraba en la ciudad. Tal vez le di un poco de lástima al encargado, porque finalmente accedió a revisar el nombre de mi compañera para tacharlo y entregarme el acceso.
Pero entonces llegó la respuesta que menos esperaba:
—Esa acreditación ya la recogieron.
La verdad me sacó completamente de onda. Mi compañera no estaba en Aguascalientes, así que era imposible que hubiera sido ella. El encargado simplemente me dijo que alguien ya había pasado por ella y que probablemente mi medio había enviado a alguien más.
Hasta la fecha seguimos sin saber qué fue lo que realmente pasó.
Y sí, la neta sí me agüité un poco. No por perderme el partido, sino porque había hecho el viaje desde Teocaltiche específicamente para cubrirlo. Pero bueno, ya estaba ahí y tampoco tenía sentido regresarme, así que me fui directo a taquilla para comprar un boleto.
Eran aproximadamente las 6:40 de la tarde y todavía tenía unos veinte minutos para entrar antes del inicio del partido. El problema fue que la fila de la taquilla 2 estaba larguísima y me aventé cerca de quince minutos esperando.
Hasta que apareció el héroe inesperado de la noche.
Un señor iba pasando preguntando si alguien seguía buscando boletos y cuántos necesitaba comprar.
—Yo nomás uno —le respondí.
—Cáele, traigo uno de más y te lo dejo en 200 porque me sobró.
Juega.
Gracias al señor revendedor me ahorré buena parte de la espera, aunque todavía faltaba superar el último obstáculo: la entrada por la puerta 5, cuya fila era todavía más larga que la de la taquilla.
Finalmente logré entrar al Estadio Victoria cuando ya habían transcurrido trece minutos del encuentro.
Por fortuna tampoco me había perdido demasiado.
Pero antes incluso de poner atención al partido hubo algo que me llamó mucho la atención: el ambiente.
Fue la primera vez que vi al Estadio Victoria casi lleno de aficionados rojiblancos apoyando al Necaxa. De hecho, la zona de la barra brava estaba completamente llena y el ambiente era eufórico, con muchísima gente alentando a los Rayos durante todo el encuentro.
La verdad no sabría decir exactamente cuál era la razón. Tal vez después del Mundial hubo mucha gente que no veía futbol y terminó enganchándose con el deporte y adoptando al Necaxa como su nuevo equipo. También puede ser que la afición sintiera la necesidad de apoyar a su equipo en un partido especial como este, sobre todo porque tanto Necaxa como Atlante estuvieron promocionando el encuentro como “El Padre de los Clásicos”, apelando a esa rivalidad histórica entre ambos clubes.
Sea cual sea la explicación, sí me sorprendió bastante ver a tanta afición apoyando a los Rayos, porque regularmente no mucha gente acompaña al equipo y cuando el Estadio Victoria se llena suele ser por la visita de equipos como Chivas, América o Tigres, cuyos seguidores terminan haciéndose notar en las tribunas.
Esta vez fue diferente.
Esta vez el estadio era de Necaxa.
Ya desde mi lugar, el partido confirmaba las sensaciones de los primeros minutos. Necaxa tenía la posesión del balón y buscaba llevar el peso del juego, pero por momentos parecía que disparar a portería estaba prohibido. Los Rayos llegaban a tres cuartos de cancha y las jugadas simplemente morían antes del remate final, ya fuera por decisiones equivocadas o por las intervenciones oportunas de la defensa azulgrana.
Atlante, por su parte, apostaba por el orden y la presión alta característica de los equipos de Miguel Herrera, incomodando constantemente la salida rojiblanca y aprovechando cualquier error para intentar hacer daño al contragolpe.
La sensación al descanso era clara: Necaxa había sido ligeramente mejor, pero no lo suficiente como para reflejarlo en el marcador.
Y el futbol suele castigar ese tipo de cosas.
Apenas iniciando el segundo tiempo, Jhojan Julio desbordó y encontró a Eugenio Pizzuto dentro del área para que el mediocampista definiera el 0-1 y le diera al Atlante el primer gol de su regreso a la Primera División.
El Victoria pasó rápidamente de la tranquilidad a la preocupación.
Por momentos incluso parecía más cerca el segundo de los Potros que el empate de los Rayos. Atlante se veía cómodo, ordenado y peligroso, mientras Necaxa seguía teniendo problemas para transformar la posesión en oportunidades claras.
La reacción llegó hasta el minuto 78.
Un jalón dentro del área sobre Julián Carranza terminó en penal para los locales y el propio delantero argentino se encargó de cobrarlo y convertir el empate desde los once pasos.
El gol cambió completamente el ambiente del estadio.
Necaxa se lanzó al frente empujado más por la necesidad y el impulso anímico que por claridad futbolística, mientras Atlante comenzaba a mirar el reloj cada vez con más frecuencia.
Varios minutos de incertidumbre despues, Pedro Pedraza apareció dentro del área para empujar el balón al fondo de las redes y marcar el 2-1 definitivo al minuto 90+6, sin embargo el gol fue marcado como fuera de lugar, por lo que los del equipo hidrocalido se comenzaron a quejar con el abanderado central haciendo que checara la jugada en el VAR, luego de ver nuevamente la jugada el árbitro central dijo que no había posición adelantada por lo que el gol era válido.
El Estadio Victoria explotó.
Los Rayos habían remontado el partido y evitaban un debut amargo en casa, mientras que Atlante veía escaparse un resultado que durante muchos minutos parecía tener bajo control.
Curiosamente, después del retraso del camión, la acreditación desaparecida, las filas interminables y la carrera contra el reloj para entrar al estadio, el partido terminó teniendo un desenlace tan caótico como el propio camino para llegar a verlo.
Nota de la editora:
Al corte de esta edición seguimos sin saber quién fue el estudiante que recogió la acreditación. Sin embargo, ya tenemos un plan de acción para evitar que esto se repita y nuestros reporteros puedan cubrir estos encuentros sin más sorpresas.
