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El éxito no existe: La vida según Rubén Estopiñán

Entre carencias, disciplina y sueños que no se rindieron, Rubén transforma cada experiencia en música. Esta entrevista recorre su vida, donde cada nota cuenta una historia de resistencia y pasión.

Por Delaney Abril Gómez Díaz

 

El 8 de febrero de 2026, en la tranquilidad de la sala de su hogar en Aguascalientes, rodeado de partituras, una guitarra y un micrófono, el maestro, arreglista y director artístico del proyecto COMPÁZ, Juan Rubén Estopiñán Fernández, abrió las puertas no solo de su casa, sino también de su historia.

Aunque el maestro reconoce que prefiere mantenerse alejado del protagonismo, como él mismo expresó:

“No me gustan mucho las entrevistas, porque no me gusta mucho hablar de mí. Prefiero que los hechos sean los que cuenten, y no siempre estar hablando de lo que uno hace”

Durante más de una hora, compartió reflexiones, emociones y momentos clave de su vida que pocas veces ha expresado públicamente, permitiendo conocer al hombre detrás del director, al ser humano detrás del músico.

Al hablar sobre el momento que marcó su vida en la música, el maestro vuelve la mirada hacia su infancia y recuerda a una de las figuras más importantes en sus inicios: su tío, apasionado por la guitarra, que, sin saberlo, sembró en él la semilla de su vocación desde sus siete años. “Él fue quien me introdujo en este mundo…”

Conforme fue creciendo, su interés por la música se convirtió en la necesidad de comprenderla y estudiarla con mayor profundidad. Esto lo llevó a ingresar a un conservatorio, donde comenzó una nueva etapa en su desarrollo artístico. Su primer instrumento de estudio fue la guitarra clásica. Más adelante se interesó por el clarinete y después por el bajo eléctrico.

Sin embargo, su estudio musical se detuvo temporalmente con el servicio militar. Se casó por primera vez a sus 17 años estando en el ejército; cuando su esposa quedó embarazada, tuvo que tomar la decisión de permanecer más tiempo en el servicio, pero ahora como una forma de trabajo para poder sostener a su familia. Incluso fue enviado a Angola, en África. Este periodo fue una etapa dura de su vida, llena de retos y aprendizajes. Aunque lo alejó temporalmente de la música, también fortaleció su disciplina y carácter.

Más adelante, al abordar las dificultades de su infancia, recordó las carencias económicas, cuando reparaba su guitarra como podía, la falta de ropa nueva y las limitaciones familiares, “Algún día, por mi propio esfuerzo, voy a tener lo que quiera tener”, pensaba entonces.

Para él, el éxito es una ilusión que detiene el crecimiento. Cree que cada día es un nuevo nacimiento. Y si dices tener éxito, es un sinónimo de que hasta ahí llegaste.

“Todos los días estás renaciendo.”

Al preguntarle de cómo le gustaría ser recordado, nos deja un gran aprendizaje con sus palabras. No busca homenajes ni fama. Prefiere que tomen lo bueno que él enseñó, desechen lo malo y sigan su propio camino. “No hay camino, se hace camino al andar”, haciendo referencia al poema de Antonio Machado.

Al final de la entrevista, resumió su vida como “la satisfacción del deber cumplido”, afirmando que la educación comienza en la cuna y termina en la tumba, reflejando su filosofía de aprender y enseñar hasta el último día.

Cuba, identidad que permanece…

Cuando la conversación se aleja por un momento de la música y se adentra en lo personal, el maestro revela que, en sus momentos de soledad, sus pensamientos viajan con frecuencia hasta su país de origen. A pesar de llevar más de 25 años viviendo fuera, su vínculo con Cuba permanece intacto. Habla desde la nostalgia, la preocupación y el amor profundo por su tierra, recordando que ser migrante no significa olvidar de dónde se viene.

“Me gusta mucho mi país y me preocupa mucho lo que está pasando…”

Con voz sincera, describe una realidad difícil marcada por la escasez, los apagones prolongados y la falta de recursos básicos, que afectan directamente la vida cotidiana de miles de personas. Aun así, reconoció con nostalgia que dejar atrás los primeros 40 años de su vida y a su familia no ha sido fácil.

Al profundizar en los motivos de su partida, explicó que no solo influyó la situación económica y política de su país, sino también la sensación de no tener un rumbo claro para su futuro. Llegar a Aguascalientes representó la oportunidad de comenzar una nueva etapa y construir el proyecto de vida que buscaba. Formó una nueva familia en esta ciudad, y menciona, con una voz llena de orgullo y cariño, que su mayor motivación para seguir adelante y esforzarse cada día han sido sus hijas.

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