Hoy en día, en la industria de la moda, ya no se habla de temporadas, sino de micro-tendencias semanales. En ese contexto, el fast fashion, o moda rápida, se ha convertido en un gran movimiento que atrae con precios bajos y novedades constantes. Pero la realidad es que la fabricación de estos productos tiene un impacto ambiental preocupante.
La jefa del Departamento de Diseño de moda de la UAA, Leticia Gómez Gutiérrez, quien también imparte la materia de Teñido con pigmentos naturales, en la que promueve y enseña a los estudiantes a utilizar los recursos que ofrece la naturaleza para crear pigmentos para sus diseños, ofreció una visión crítica de este fenómeno desde su experiencia profesional y personal.
El fast fashion se trata de un modelo de negocio que produce y vende ropa en masa, a bajo costo y en ciclos extremadamente cortos. “Empresas como Shein surgen del concepto de Inditex, en el que renuevan diseños cada 15 días. Está pensado para consumidores que quieren estar siempre a la moda sin gastar mucho”, explicó la profesora Gómez Gutiérrez.
Este sistema ha pasado de las tradicionales dos temporadas anuales (primavera-verano y otoño-invierno) a más de 50 micro-temporadas al año. Esa velocidad es posible gracias al uso de materiales baratos como poliéster, nylon o algodón, que abaratan los costos de producción, pero conllevan un alto costo ambiental.
“La industria de la moda es uno de los sectores que más contaminan gracias al desecho de prendas y la moda rápida genera un mayor desecho.”, asegura Leticia Gómez Gutiérrez. Y los datos lo confirman:
• La industria de la moda genera el 10% de las emisiones globales de CO₂, el principal gas responsable del cambio climático.
• Se utilizan 93 mil millones de metros cúbicos de agua al año en la producción textil.
• El 73% de la ropa producida en un solo año termina incinerada o en basureros.
La jefa del departamento de Diseño de moda señaló que el problema principal se encuentra en que estas prendas están diseñadas para durar poco, ya que después de tres o cuatro lavadas, muchas se tienen que desechar, lo que genera una acumulación continua que afecta seriamente el medio ambiente.
Más allá del medio ambiente, la moda rápida también ha golpeado a diseñadores independientes y pequeñas industrias textiles, que se han vito afectados al no poder competir con los reducidos precios de este tipo de empresas.
La maestra comentó que es importante que las nuevas generaciones retomen la filosofía de preferir calidad a precio o cantidad, así como encontrar distintas alternativas para erradicar el problema, ya que la industria de la moda rápida perece cada vez más fuerte, pero puede que los nuevos aranceles afecten los precios al consumidor y no sabemos cómo esto puede llegar a repercutir en la industria.
Uno de esos espacios son los bazares y la ropa de segunda mano, porque, comentó, “permiten acceder a prendas de calidad a bajo precio y evitan que tanta ropa termine en la basura. También promueven la reutilización”.
Como licenciada en diseño textil y promotora de técnicas sustentables como el uso de pigmentos naturales para teñir textiles, Leticia Gómez Gutiérrez explicó que “por ejemplo, con la flor de cempasúchil se puede obtener color para telas. Hay formas de teñir sin dañar el medio ambiente, sólo hay que volver a mirar a lo natural” y agregó que este mundo tiene que cambiar, tiene que modificarse, porque “desde el momento en que pensemos un poquito diferente, empezamos a modificar algo”.

