Pensar la ficción fuera del cuadro 05
Mishima: A Life in Four Chapters (Paul Schrader, 1985) no es una biopic. Es un ritual. Un espejo roto que refleja la lucha íntima entre el cuerpo y la palabra, entre la belleza y la violencia, entre la identidad y el acto de destruirla.
Mishima fue novelista, dramaturgo, actor, culturista, militar. Pero sobre todo fue un hombre obsesionado con la idea de ser hombre. Un hombre que escribió más de treinta novelas y que, sin embargo, creía que las palabras eran insuficientes si no se encarnaban en la acción. Un hombre que convirtió su vida en arte y su muerte en espectáculo.
“Morir con belleza es la única forma de superar la fealdad de la vida.”
— Mishima: A Life in Four Chapters
La masculinidad como teatro del sufrimiento
Mishima construye su masculinidad como un templo de disciplina y dolor. La escritura no basta. El cuerpo debe tallarse como escultura. La voluntad debe doblegarse como acero. La muerte, si es bella, se convierte en una forma de redención estética.
“La determinación de un hombre para ser más guapo es morir”
— Mishima: A Life in Four Chapters
En un mundo que le parecía decadente, Mishima buscaba pureza. Un ideal casi imposible, porque como dice en la película:
“Si se modera la pureza, deja de ser pureza”
Para él, la vida era demasiado sucia, demasiado blanda, demasiado tibia. Ser hombre significaba resistirse a esa tibieza. Ser hombre era vivir como un filo. Era vivir de forma tan intensa que no hubiera más destino que la autoaniquilación.
Fuera del cuadro: ser hombre hoy
En América Latina, los modelos tradicionales de masculinidad siguen marcados por el estoicismo, la represión emocional y la violencia como afirmación del yo. Estas características arraigadas limitan la expresión emocional de los hombres y pueden contribuir a problemas de salud mental y comportamientos agresivos. La masculinidad tradicional a menudo dicta que los hombres deben ser fuertes, proveedores, invulnerables y no mostrar sus sentimientos, lo que genera una carga significativa y puede impedirles buscar ayuda o expresar su vulnerabilidad.
Según un documento del Tec de Monterrey en colaboración con Naciones Unidas en México (que hace referencia a datos del INEGI), se menciona que el 64% de los hombres piensa que se espera demasiado de la igualdad de género y que uno de los puntos clave es “contribuir a la práctica de una gestión emocional saludable y alejada del ejercicio de violencias”.
La “epidemia silenciosa” en la salud mental masculina
Es cierto que la adhesión a modelos tradicionales de masculinidad, que promueven el estoicismo y la represión emocional, contribuye a una “epidemia silenciosa” de problemas de salud mental en los hombres, manifestada en depresión, aislamiento y un mayor riesgo de suicidio. La dificultad para expresar emociones, buscar ayuda y reconocer la vulnerabilidad son factores clave en esta problemática.
Mayor riesgo de suicidio en hombres: Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) de México confirman esta disparidad.
- En 2023, se registraron 8 mil 837 suicidios en México. De estas personas, el 81.1% correspondió a hombres y el 18.9% a mujeres.
- La tasa de suicidio por cada 100 mil personas fue de 6.8; para las mujeres fue de 2.5 y para los hombres fue de 11.4.
Menor búsqueda de ayuda psicológica: Diversos estudios y reportes indican que los hombres, en efecto, buscan ayuda psicológica mucho menos que las mujeres.
Un reporte del Consejo Ciudadano de México (2022-2023) señala que, en sus servicios de atención psicológica, las mujeres son quienes más recurren a este servicio, con el 83%, mientras que los hombres suman solo el 17%.
Las barreras para que los hombres busquen ayuda están relacionadas con normas de género que asocian la masculinidad con la fortaleza emocional y la autosuficiencia, lo que lleva a muchos a sentir que buscar apoyo es un signo de debilidad o fracaso. El estigma social y la falta de reconocimiento de los síntomas atípicos de la depresión masculina (como irritabilidad o comportamiento de riesgo en lugar de tristeza explícita) también contribuyen a esta menor búsqueda de ayuda.
Mishima no es la causa, pero sí el símbolo de una lógica que sigue vigente: si no puedes alcanzar el ideal de lo que deberías ser, es mejor desaparecer.
“Escribo para capturar la eternidad, aunque sé que mi vida es efímera.”
Mishima entendía que el arte es una lucha contra el tiempo. Pero también contra uno mismo. Es en esa tensión, entre la perfección imposible y el cuerpo imperfecto, donde se fragua su tragedia. Su león y su peonía.
El mito del guerrero roto
“Solo el arte hace que la belleza humana sobreviva”
¿Y si la belleza no fuera dureza, sino grieta? ¿Y si ser hombre no fuera cargar con una espada, sino saber cuándo dejarla caer? En la estética de Mishima no hay lugar para la ambigüedad emocional, y, sin embargo, su vida estuvo marcada por ella: por su identidad queer, por su infancia enfermiza, por su fascinación con lo femenino y lo sublime. Su masculinidad es una máscara de oro que esconde la herida.
“Las heridas del arte… ni siquiera saben que el arte es una sombra… que ese estado del ánimo, no es suficiente.”
El arte, por más hermoso que sea, no cura. Pero lo vuelve visible.
La ficha
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Título original: Mishima: A Life in Four Chapters |
| Director: Paul Schrader | |
| Guion: Paul Schrader & Leonard Schrader | |
| País: Estados Unidos / Japón | |
| Disponible en: mubi | |



