Juanito el Chaparro y las derivaciones de pensar la pepena

En el oriente de la ciudad de Aguascalientes existe la colonia J. Guadalupe Posada nombrada en honor al grabador, ilustrador y caricaturista mexicano nacido en Aguascalientes. En sus inicios fue un asentamiento irregular, pero ya está regularizada, sus calles tienen nombres de las obras de Guadalupe Posada, la colonia presenta problemas de desintegración familiar y drogadicción. La calle Calavera el Morrongo, es una calle empinada en donde se observa a jóvenes sentados en la banqueta y a un hombre de estatura pequeña, ropa vieja con el polvo y la grasa anidados en ella, porta también una gorra que fue blanca y tiene algunos tonos de rojo apenas perceptible, porque es más negra que roja, tiene el color indefinido que ha ganado por los años. Se le puede ver con frecuencia sentado en la guarnición, fumando un cigarrillo. Juanito, o el Chaparro, es un personaje conocido por todo el fraccionamiento; no es político ni rico, pero sí es un protagonista de la vida cotidiana de la colonia Guadalupe Posada. El Chaparro es un benefactor dispuesto a ayudar al que se lo pida.

Juanito es pepenador, pero también barre la calle en donde se coloca el tianguis de la colonia. Es el mayor de 24 hermanos. Cruza las calles en el triciclo que reacondicionó para soportar la carga. Vive en un terreno baldío que le prestaron y en donde construyó un cuarto con madera, láminas, cartón y trozos de ropa vieja. El Chaparro tiene aproximadamente 70 años, no es casado, ni tiene hijos y hace mucho tiempo que dejó la casa en donde nació y se fue a vivir a los linderos de la ciudad. Es muy común verlo empujando su triciclo, cargado con cartón, metal, PET, o alimentos sacados de los contenedores, lo que recolecta lo vende en la  chatarrera, los alimentos los vende en botes de 20 litros para alimento de cerdos. Si algún conocido de él tiene algún problema económico recurre a Juanito para pedirle un préstamo, o empeñarle alguna herramienta, incluso cuando un vecino es detenido por la autoridad, él está dispuesto a pagar la fianza para que recupere la libertad. El Chaparro invierte su pensión de adulto mayor en comida y mariscos para todos, hasta que se acaba el dinero…

Su aspecto es de una persona que se dedica a la pepena, después de vender lo recolectado, su cartera, cuenta, tiene tan poco efectivo, que parece que tiene prisa por deshacerse de él, solo conserva un billete de cinco dólares incompleto y, por lo tanto, carente de valor. El Chaparro no es flojo y siempre está dispuesto a trabajar, incluso a buscar quien pueda ayudar a un colado de concreto, levantar una obra, hacer un encargo, jardinero, mover una mudanza en su triciclo o desempeñar la labor a la que se le invite.

Como casi todos los pepenadores, no cuenta con acceso a los servicios de salud y recurre a la medicina tradicional para mitigar sus enfermedades. La solución, los remedios caseros o la esperanza de que pronto se recuperará. En una ocasión observé que en su mano derecha tenía un trapo no muy limpio a manera de venda, le pregunté que le había sucedido. Él me comentó que se había cortado con un trozo de lámina dentro de un contenedor. Le dije de la importancia de acudir a un centro de salud para que le aplicaran la vacuna contra el tétanos, que de ser posible le revisaran la herida para que no se infectara. Sonriendo muy despreocupadamente  me explicó que no era la primera vez que le pasaba y que con la orina que se había aplicado en la herida sería suficiente.

No es solo Juanito

La pepena es una actividad que representa a una de las peores formas de trabajo informal, esta actividad se ha realizado por largo tiempo en la historia del hombre. En México, según un estudio empírico del 2010 realizado por José Juan Cervantes y Lylia Palacios, solicitado por la Fundación Mundo Sustentable, A.C., ha aumentado desde los años sesenta, del siglo XX. Es en este momento en que se da un auge a los productos enlatados y embotellados, al mismo tiempo se crean cadenas de tiendas de autoservicio, que requieren que prácticamente todos sus productos estén empaquetados. Los resultados del estudio dicen que por lo regular, los pepenadores son personas que llegan a la ciudad de zonas rurales y su edad varía, pero se puede considerar que la gran mayoría tienen entre 30 y 60 años, en su generalidad son hombres, con apenas estudios de primaria, cuando los hay, y con poca o nula experiencia profesional. Se podría pensar que perciben ingresos menores, pero en la actualidad los contenedores son una fuente de materiales  reciclables y existen lugares en donde los compran a un precio razonable. En los tiraderos de basura incluso se puede apreciar niños que se integran al trabajo de recolección ante la flexibilidad de la prohibición del trabajo infantil. Las condiciones en los tiraderos y en las viviendas son de extrema pobreza, por lo regular construidas con cartón, madera, plástico y ropa vieja, además no cuentan con servicios públicos y menos, seguridad social.

En Aguascalientes los contenedores son una fuente de recolección para los pepenadores. Sé puede decir que, a diferencia de los sesenta, hoy en día existe una gran cantidad de desechos que son comprados en los centros de reciclaje o chatarreras. Los precios en metales varían desde 50 centavos en chatarra mixta, fierro viejo en tres pesos y acero inoxidable 7.62 pesos. En cuanto los metales no ferrosos, latas de aluminio a 20, Bronce a 70, Cobre a 120 de segunda y 140 el de primera, y el alambre de cobre cubierto “a tratar”. El PET se paga a cuatro pesos y el papel periódico a dos, cartón corrugado a 1.50 y el vidrio a  20 centavos.

Los tiraderos fueron otorgados a sindicatos afines al PRI cuando fue la primera fuerza política. En Aguascalientes desconozco si existe alguna asignación por parte de la autoridad, pero es evidente de que los pepenadores delimitan su área de recolección, existen rutas y límites establecidos por comodidad, conciliación o conveniencia, pero, de cualquier forma, existe la competencia en la pepena.

Recuerdo que un día, visitando el tiradero de basura que estaba en el fraccionamiento Cumbres, pude ver cómo unos niños de alrededor de seis años comenzaron a jalonearse y pelear por un trozo de metal que habían encontrado. De ellos, se desgranó una pelea cada vez más extendida entre los adultos que culminó con la posesión final del botín por parte de uno de los participantes. Muchos de ellos, bañados en sangre. Yo pensé que iban a matarse. La intensidad de la pelea me estremeció, sobre todo, considerando el origen de la disputa. Quienes han visto Caridad de Jorge Fons en el tríptico Fe, esperanza y caridad, podrían ver el símil de lo que me tocó ver y que podría resumir en la frase “defiéndete con todo”, porque los límites no están aquí, sino en cada pelea por sobrevivir.

 

Texto: Roberto Rodríguez Cardona, octavo semestre de Historia
Fotos: Donovan Pérez, segundo semestre de LCI

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