En Aguascalientes, la defensa del territorio natural se ha convertido en un movimiento ciudadano que desafía intereses económicos, inercias gubernamentales y narrativas oficiales. El bosque de La Pona se encuentra en el epicentro de interminables disputas entre inmobiliarias y civiles.
Activistas argumentan que todos los bosques de Aguascalientes seguirán en peligro a no ser que la sociedad se involucre.
En Aguascalientes, los árboles no solo residen en los márgenes rurales. Algunos pocos, cada vez menos, resisten dentro de la ciudad testigos de un paisaje que antecede por siglos al concreto, pero que año tras año, se enfrenta a la amenaza de desaparecer. El mezquite se yergue alto como símbolo del estado y su gente, un peculiar árbol cuyas raíces se extienden hacia las aguas subterráneas de las que la entidad obtiene su nombre. Este árbol es precisamente el que constituye la mayoría de los bosques de Aguascalientes.
Entre ellos se encuentra La Pona, que en 2025 se vio envuelta en una oleada de ruido al centro de la agenda ambiental pública: incendios de origen incierto, intentos de urbanización, intervención judicial, bloqueos ciudadanos en forma de protesta y viralización momentánea en redes sociales.
Pero debajo de todo este ruido se encuentran más de 20 años de lucha y supervivencia, no solo de La Pona, sino de otros bosques de Aguascalientes, muchos de los cuales han perecido en silencio ante las amenazas de la urbanización y el desarrollo inmobiliario.
Y es que, a pesar de las múltiples ocasiones en las que zonas como La Pona han sido declaradas Áreas Naturales Protegidas (ANP) o bajo uso de suelo de conservación ecológica por órganos gubernamentales, las grandes inmobiliarias y hasta los mismos planes de desarrollo urbano han logrado retroceder los avances e insisten en desarrollar sus proyectos en ellas. Una amenaza a la que los defensores de los bosques se enfrentan pese a las victorias percibidas.
Las Voces Detrás de la Lucha
Durante décadas han sido las y los activistas ambientales quienes han evitado que los bosques urbanos, como lo son La Pona y el bosque de los Cobos-Parga se vean destruidos por el desarrollo inmobiliario y los megaproyectos. Particularmente, han sido las mujeres quienes han encabezado esta lucha, desde la emblemática Enriqueta Medellín, una de las primeras portavoces de la importancia de los bosques de Aguascalientes, o la profesora Guadalupe Castorena; hasta las mujeres de la comunidad El Malacate y la reconocida Sofía González Ponce, fundadora del colectivo Salvemos La Pona, quienes hoy en día lideran la batalla por la zona.
Son principalmente mujeres quienes defienden el territorio
No obstante, estos colectivos ambientales se fundamentan en la participación comunitaria. De norte a sur del estado, combinan conocimiento científico y memoria histórica y sus esfuerzos demuestran que la conservación del entorno no es solamente una preocupación ecológica, sino también un acto de identidad y justicia social.
Las principales amenazas contra los bosques de Aguascalientes comenzaron en el año de 1999, cuando el entonces presidente municipal de la capital, Luis Armando Reynoso Fermat (también ex-gobernador del estado) aprobó un cambio de uso de suelo de preservación ecológica a uso habitacional y comercial en La Pona, que se efectuó un año más tarde. Fue gracias a las movilizaciones ambientales de principios de los 2000, representadas por los colectivos S.O.S. La Pona y Movimiento Ambiental, que en el año 2005 el cambio pudo revertirse, y La Pona fue declarada zona de preservación ecológica.
“Un derecho adquirido ya no puede ir para atrás”: Colectivos El Malacate y La Pona insisten que lucha ambiental debe continuar pese a avances.
En rueda de prensa con estudiantes de Comunicación e Información de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, integrantes de Salvemos La Pona y Colectivo El Malacate Guardianes del Monte insistieron en que la defensa de los espacios bioculturales de Aguascalientes sólo ha avanzado porque la ciudadanía ha estado dispuesta a ejercer sus derechos y no permitir retrocesos.
González Ponce, fundadora de Salvemos La Pona, explicó que, pese a que en 2016 se anunció como “triunfo” la supuesta protección de una parte del bosque, en realidad se pretendía talar dos terceras partes del bosque para usos inmobiliarios. Desde entonces, subrayó, el énfasis del movimiento ha sido claro: “los derechos ambientales progresan; un derecho adquirido ya no puede ir para atrás si la sociedad civil se activa para defenderlo”. La activista recordó que el reciente intento de ingreso de maquinaria a la mezquitera confirma que la vigilancia ciudadana debe ser permanente.
Cielo Sánchez, también integrante de Salvemos La Pona, contextualizó la relevancia histórica y emocional del sitio, afirmó que generaciones enteras crecieron vinculadas a este ecosistema y que el desmantelamiento de áreas verdes forma parte de una narrativa engañosa sobre la “necesidad de expansión urbana”. Señaló que, mientras se insiste en que faltan viviendas, un gran porcentaje de las casas en Aguascalientes están deshabitadas, y subsisten más de 13 mil hectáreas de lotes baldíos dentro de la mancha urbana. Para ella, el conflicto no es si la ciudad debe crecer, sino para quién está creciendo, y si ese crecimiento justificará sacrificar ecosistemas que regulan la temperatura, infiltran agua y sostienen biodiversidad.
Por su parte, Yoshiro Cruz, dirigente del colectivo El Malacate, detalló que su comunidad ha logrado frenar tres megaproyectos multimillonarios, incluyendo fraccionamientos, obras hidráulicas y extracción de agua que ponían en riesgo directamente a las familias de la zona.
Miembros del Colectivo Guardianes del Monte en El Malacate
Explicó que el territorio que habitan contiene vestigios paleontológicos, arqueológicos, coloniales y revolucionarios, además de ser un corredor biológico importante. Sin embargo, la defensa ha enfrentado una constante persecución: extorsiones, amenazas, cortes de luz y campañas de desprestigio impulsadas desde instancias gubernamentales y replicadas por algunos medios alineados al poder. Aun así, el colectivo ha resistido gracias al tejido comunitario, en su mayoría mujeres, y al acompañamiento experto en materia legal.
Los activistas aclararon además la dimensión técnica del problema: La Pona y El Malacate son suelos forestales, figura federal que no puede ser alterada por gobiernos municipales o estatales sin una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) evaluada por Semarnat. En el caso de La Pona, subrayaron, las obras fueron clausuradas por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente tras comprobarse que no existía cambio de uso de suelo ni MIA, evidenciando la ilegitimidad de varios proyectos inmobiliarios en el estado.
Explicaron que la ciudadanía puede y debe participar en la revisión de estas manifestaciones, solicitar reuniones públicas de información y utilizar herramientas como el juicio de amparo y el juicio de nulidad, fundamentales para frenar daños ambientales que con frecuencia están disfrazados de desarrollo. “Si algo es injusto, aunque venga de la autoridad… ahí es donde se activa la ciudadanía”, declaró González Ponce.
Más allá de La Pona
El colectivo El Malacate Guardianes del Monte ha emergido como una de las voces ambientales más firmes en Aguascalientes, defendiendo el Bosque de Cobos y el monte que rodea la comunidad frente a presiones inmobiliarias, amenazas y omisiones gubernamentales. Sus dirigentes, Abril Vera y Yoshiro Cruz, describen un movimiento que no sólo rescata territorio ecológico, sino también identidad, memoria e historia de quienes lo habitan.
La prioridad del colectivo es clara: proteger las áreas naturales que sostienen el equilibrio hídrico y biológico de la zona. “Sobre todo es el rescate de áreas verdes por la importancia ecológica que tienen”, explica Abril Vera, señalando que la infiltración de agua en el monte es un factor crucial para combatir el estrés hídrico de la ciudad. Además del entorno natural, el colectivo trabaja en el rescate histórico y cultural del territorio, donde conviven restos paleontológicos, memoria oral y tradiciones gastronómicas. “Se cruzan varios momentos históricos aquí en la comunidad: hallazgos paleontológicos junto con algunas culturas prehispánicas y la revolución”, menciona, subrayando la riqueza patrimonial del lugar.
Ex-procurador de Medio Ambiente: La Pona y Cobos-Parga Conservan Condiciones Ecológicas Únicas y son Piezas Clave de la Memoria Colectiva
El Dr. Carlos Rodrigo Martín Clemente, biólogo y ex-procurador de Medio Ambiente del estado, explicó en entrevista que una intervención en La Pona no significaría un efecto adverso grave en el ecosistema de Aguascalientes. Sin embargo, aclaró que reducir la discusión a un cálculo biológico sería ignorar que la preservación de La Pona es importante porque es única, no por los problemas que su perturbación podría desencadenar.
Según el especialista, La Pona y la zona de Cobos-Parga son territorios que conservan condiciones ecológicas que no existen en otro lado: mezquites más altos sobre suelos secos, micro-hábitats para fauna local y una estructura natural que sobrevivió al avance urbano.
El ex-procurador enfatizó también que La Pona opera como una pieza clave en la memoria colectiva: generaciones crecieron utilizando el sitio como espacio de aprendizaje, juego y observación de naturaleza. Esa dimensión sociocultural, explicó, es uno de los argumentos más sólidos para su preservación, incluso por encima de métricas estrictamente ecológicas. La Pona y Cobos-Parga permiten mantener una relación viva con la naturaleza, algo cada vez más escaso en una ciudad densificada y dependiente de infraestructura gris.
El Dr. Martín Clemente aclaró que el daño sería más patrimonial y paisajístico que ecológico, pero esto no significa que sea menor. Un relicto destruido no puede recuperarse en décadas, porque lo que se pierde no son sólo árboles: se pierde el suelo, la edad, la estructura, el ensamblaje ecológico y la historia.
La Defensa Legal Detrás del Conflicto
Aunque la discusión pública suele centrarse en incendios, protestas o bloqueos ciudadanos, una parte crucial de la batalla por La Pona ocurre en tribunales. En los últimos años los colectivos ambientales han tenido que profesionalizar su defensa debido a inconsistencias jurídicas y decisiones judiciales que, en más de una ocasión, han puesto al bosque al borde de su destrucción.
Equipo para combatir incendios en el Bosque de Cobos
Tras la pérdida de un juicio de hecho que los propios activistas describen como una crisis detonante, las y los defensores fueron notificados de que maquinaria pretendía ingresar al predio. Esa misma noche levantaron un campamento para impedir la devastación. Según la abogada ambiental Rebeca Castillo Delgadillo, esta estrategia legal era fundamental: el amparo indirecto es el principal recurso para detener obras que violan el derecho humano a un ambiente sano. La especialista explica que este tipo de juicio procede cuando el acto u omisión de la autoridad genera o puede generar un daño al ambiente y cuando existe una violación comprobable de la normatividad ambiental.
De acuerdo con Castillo Delgadillo, los estudios técnicos son importantes, pero no siempre indispensables, pues los jueces consideran muchas situaciones ambientales como hechos notorios. Esto significa que la propia documentación elaborada por autoridades o por dependencias federales puede ser usada como evidencia para detener proyectos ilegales. En el caso de La Pona, la clausura realizada por Profepa ante la ausencia de Manifestación de Impacto Ambiental y de cambio de uso de suelo se convirtió en una pieza clave para demostrar que las obras eran improcedentes.
La abogada también detalla las consecuencias legales para quienes intentan desarrollar proyectos sin cumplir con la ley: las multas pueden ir desde 20 hasta 50,000 UMA´s, e incluso algunos actos pueden constituir delito que conlleve privación de la libertad. Las autoridades que otorgan el visto bueno y avalan obras al margen de la legislación también pueden ser destituidas o inhabilitadas.
La evidencia legal y el trabajo comunitario han sido el eje de la resistencia. Los colectivos no sólo cuentan árboles: documentan, supervisan, solicitan inspecciones, interponen amparos, organizan contralorías ciudadanas y elaboran líneas del tiempo que muestran cómo, durante dos décadas, los intentos por urbanizar La Pona han sido reiterados y sistemáticos.
El Activismo Ambiental de Aguascalientes Trasciende al Ruido
En entrevista, Yoshiro Cruz de El Malacate comentó que la labor no ha sido sencilla. El colectivo ha enfrentado cambios en catálogos de conservación, intentos de fraccionamiento, extracción de agua y presión política. De manera firme, Yoshiro Cruz aclaró su postura: “somos apartidistas… el poder reside en el pueblo y es para el pueblo”, enfatizando que no buscan alinearse con ningún partido, sino exigir que se cumplan responsabilidades ambientales. Además, relató las consecuencias de su activismo: “El activismo es cansado, es peligroso, es desgastante… si de verdad estás incomodando al poder, te van a intentar callar”. Aun así, el colectivo continúa sumando voluntades, especialmente jóvenes y niños, quienes ya se identifican como guardianes del monte y participan activamente en su defensa.
Por otro lado, en la asociación Salvemos La Pona las medidas de lucha toman otras formas, demostrando que la lucha por la naturaleza no sólo se trata de ruido. Por ejemplo, el libro artesanal “El instructivo para florecer la ciudad” está disponible es su formato digital a partir de la segunda semana de diciembre y se puede encontrar en su sitio web salvemoslapona.org. Este libro, conformado por dos partes, presenta lo que la misma organización describe como un acercamiento a la herbolaria tradicional del Bosque de Los Cobos; un mapa de este territorio al sur de la ciudad, visto desde la perspectiva de los mismos que habitan y defienden el bosque.
La obra recupera los testimonios de mujeres y hombres, cómo juntos enfrentan los incendios forestales. Estas experiencias los llevaron a convertirse en el Colectivo de El Malacate “Guardianes del monte” zona que también se busca proteger.
Miembros del Colectivo Guardianes del Monte en El Malacate, afirman que se siguen sumando voluntades, especialmente jóvenes y niños, quienes ya se identifican como guardianes del monte
Los colectivos señalan que el libro busca documentar la flora, fauna, y lucha por la preservación de especies nativas, y los ecosistemas locales, amenazados por los recurrentes megaproyectos inmobiliarios en zonas protegidas y pulmones del estado.
La segunda parte del libro se describe la lucha desde la ciudad, con la perspectiva de la Colectiva Salvemos La Pona. Ahí se detalla su enfoque en acciones estratégicas, la vigilancia y monitoreo de suelos forestales, así como la defensa legal a través de la alianza con la Clínica de Litigio Estratégico en Derechos Humanos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
La importancia de esta publicación en digital es que se logre mayor difusión del testimonio hidrocálido en defensa al medio ambiente y cuáles son las contrariedades para lograrlo, se busca que más gente se una a la causa.
Los fondos recaudados serán dirigidos a la comunidad de El Malacate en apoyo para la compra de los insumos necesarios para completar su labor, que incluye el sofocamiento de incendios forestales, mismo que actualmente se realiza en condiciones precarias y poco seguras. También se destinará al financiamiento de la Colectiva Salvemos La Pona ante la creciente demanda de atención e involucramiento de la organización en la defensa legal y presencial del territorio.
Texto: Mar Chávez, Daniela del Valle, Rodrigo Domínguez y Paola Rodríguez.
Fotos: Alison Fernanda Tayahua Gutiérrez y Daniella Michelle Márquez García.
Estudiantes de Comunicación e Información.
