No es tan malo como dicen, he pasado por muchos episodios de lento y silencioso aburrimiento. Antes, en mi temprana juventud, era necesario entretenerse con todo; ahora en mi adultez, lo busco una y otra vez, en cualquier espacio y en cualquier momento. He comparado cómo la desesperación llega porque nos han enseñado a mantenernos entretenidos, a que nuestros deseos sean saciados. Aburrirse podría convertirse en un arte: de la paciencia y del descanso.
La mente se hastía de mirar tanto; tantas imágenes borran las palabras y nos envuelven en pensamientos y sensaciones. Las imágenes generan la imaginación y esta las fantasías. De pronto, la realidad es un vértigo ansioso de entretenimiento que solo está creado para seguir una corriente sin final de ficciones. Sin espera y sin paciencia, cada momento debe ser para entretener.
Lograr aburrirse parece un intersticio entre el hacer y el no hacer, pero como todos quieren hacer, es preferible no aburrirse, para mantenerse productivo. Pero el aburrimiento es una respuesta personal al cansancio y a la falta de algo en el tiempo; un momento de sobriedad en donde algo se espera y en ese algo se esconde la alternativa de mirar hacia adentro de uno mismo, o por lo menos, diluir el pensamiento en reflexiones necesarias.
Algunos optan por la nada: un vacío que desea llenarse es tanto así que desespera y hace de la ansiedad una angustia dolorosa. Cada vez es más difícil dejarse perder en esa nada, que puede llevar a alguna parte, a un lugar que no se conoce.
La vida quiere entretenerse con viajes, experiencias y emociones perpetuas en donde la reflexión, el cansancio y el aburrimiento jamás existan. Una persona es en apariencia feliz cuando está entretenida. ¿No será que la epidemia de ansiedad, angustia y hastío es eso? Un deseo oculto de aburrimiento.
El arte del aburrimiento comienza cuando no se espera nada y el cansancio es por fin digerido. Un momento para captar la realidad en la que cada cual vive, sin mayor espera. Donde florece la atención y la lentitud es un nuevo lenguaje.
Nadie quiere ser lento, porque el lento se queda, se duerme. Y la lentitud es hermana del aburrimiento. La prisa es la prisión de la actualidad; hasta las imágenes están aprisa en múltiples clores. Un paisaje no debe correr al llegar al atardecer, no obstante, queremos que se capte en una imagen para que no muera, pero jamás es contemplada, ya que el aburrimiento es sinónimo de la contemplación.
De hecho, las películas más largas y el arte con mayor tiempo, desesperan. Se quieren segundos continuos de emoción en donde algo muera y algo nuevo nazca. Esto se traslada a las relaciones humanas. Fugaces, instantáneas y frágiles como un cristal que se rompe con el aire. La fugacidad no es nada porque siempre hay algo nuevo. Detenerse en todos los abismos que genera el aburrimiento, hasta en las relaciones, es una agonía dolorosa que se prefiere evitar.
Eso a lo que le llaman silencio incómodo, es un preludio al aburrimiento. Las charlas deben de contener el entretenimiento. Siendo seres que solo se entretienen hasta que lo inevitable llega: la muerte. Si algo no entretiene lo desechamos, sean personas o productos. Consigue el trabajo necesario para no aburrirte y cásate con alguien que no te aburra. Todo eso se dice para evitar un momento que es necesario.
Y sin más, llega el momento en el que tenemos que enfrentar el aburrimiento. El amor monótono y aburrido, como no genera euforia, apaga la relación y cansa. Es en todas esas relaciones en donde el aburrimiento es un verdadero reto ¿No será mejor conocer a alguien en la rutina? No hay relación que no pase por esos momentos fuera de las luces y solo se pregunten ¿Y ahora qué?
En nuestra época podría decirse que aburrirse es un acto de rebeldía. El no hacer nada y solo mirar las nubes pasar; la mente fuera de diversos estímulos y que, como una flor, le dé oportunidad a que nazca la creatividad más auténtica. Porque la creatividad no es producto del trabajo constante, es producto del espacio vacío y sereno que necesitan nuestras vidas.
Así, hagamos esto: sentarse y ver el día pasar para contemplar el río de una conciencia que no necesita de reflectores y de ruido. Un momento incómodo que de pronto se vuelve un espacio interior que le da apertura a lo irrelevante.
Nadie quiere ser lento, porque el lento se queda, se duerme. Y esto es hermana del aburrimiento. La prisa es la prisión de la actualidad; hasta las imágenes están aprisa en múltiples colores. Un paisaje no debe correr al llegar al atardecer, no obstante, queremos que se capte en una imagen para que no muera, pero jamás es contemplada. Ya que el aburrimiento es sinónimo de la contemplación.
De hecho, las películas mas largas y el arte con mayor tiempo, desespera. Se quieren segundos continuos de emoción en donde algo muera y algo nuevo nazca. Con esto, se traslada a las relaciones humanas. Fugaces, instantáneas y frágiles como un cristal que se rompe con el aire. La fugacidad, no es nada porque siempre hay algo nuevo. Detenerse en todos los abismos que genera el aburrimiento, hasta en las relaciones, es una agonía dolorosa que se prefiere evitar.
Eso a lo que le llaman: silencio incómodo, es un preludio al aburrimiento. Las charlas deben de contener el entretenimiento. Siendo seres que sólo se entretienen, hasta que lo inevitable llega, la muerte. Si algo no entretiene lo desechamos, sean personas o productos. Consigue el trabajo necesario para no aburrirte y cásate con alguien que no te aburra. Todo eso se dice, para evitar un momento que es necesario.
Y sin mas, llega el momento en el que tenemos que enfrentar el aburrimiento. El amor monótono y aburrido, como no genera euforia, apaga la relación y cansa. Es en todas esas relaciones en donde el aburrimiento es un verdadero reto ¿No será mejor conocer a alguien en la rutina? No hay relación que no pase por esos momentos fuera de las luces y sólo se pregunten ¿Y ahora que?
En nuestra época, podría decirse que aburrirse es un acto de rebeldía. El no hacer nada y sólo mirar las nubes pasar; la mente fuera de diversos estímulos y que como una flor, le de oportunidad a que nazca la creatividad mas auténtica. Porque la creatividad no es producto del trabajo constante; es producto del espacio vacío y sereno que necesitan nuestras vidas.
Así, como hice alguna vez, sentarse y ver el día pasar, para contemplar el río de una conciencia que no necesita de reflectores y de ruido. Un momento incómodo que de pronto se vuelve en un espacio interior, que le da apertura a lo irrelevante.
Texto: Osvaldo Jiménez. Colaborador
Foto: Especial, Generada con IA
