Por: Joaquin Marin
El Estadio Victoria comenzó a pintarse de amarillo mucho antes de que rodara la pelota.
Llegué alrededor de las 7:00 de la noche al estadio y, para sorpresa de nadie, las larguísimas filas que había eran de aficionados del América. Desde el trayecto de Dirección General del estadio (donde recojo mi acreditación de prensa) hacia la puerta 9, donde generalmente ingresa la prensa, era evidente que las Águilas tendrían una importante presencia en las tribunas. Del lado de Necaxa, la afluencia era considerablemente menor.
Ya dentro del estadio, las butacas rojiblancas comenzaron a cambiar de color poco a poco. Entre las voces de los aficionados aparecieron los gritos de “¡Arriba el América!” y “¡Arriba las Águilas!”. Incluso la zona norte, que normalmente concentra a la afición de los Rayos, comenzó a teñirse de amarillo.
El partido todavía no comenzaba y el Ave ya parecía jugar como local.
A las 8:19 p.m. salieron los porteros a calentar. Luis Jiménez recibió abucheos y algunas mentadas de madre de los aficionados azulcremas, mientras Rodolfo Cota y los guardametas del América fueron recibidos con aplausos. Jiménez incluso mandó besos hacia la tribuna necaxista, pero el recuerdo de aquel gesto que protagonizó en el partido contra Puebla todavía estaba fresco, por lo cual solo recibió abucheos y la indiferencia de una afición que ya no se identifica con el jugador.
A las 8:26 p.m. apareció el Necaxa en la cancha para calentar y los abucheos de la afición americanista retumbaron en el Victoria. Después llegó el grito de “¡Águilas, Águilas!”. Tres minutos más tarde apareció el América, encabezado por Henry Martín, y nuevamente el estadio respondió con ovaciones y aplausos para su equipo.
Algo que me pareció curioso fue que una canción hecha con inteligencia artificial sobre Aguascalientes acompañó la salida del equipo local cuando salió de los vestidores para calentar en la cancha.
La sensación también terminó reflejada en la entrada oficial: 20 mil 398 personas estuvieron presentes en el Estadio Victoria. Viendo las tribunas desde la zona de prensa, mi impresión era que ni siquiera el 10% de los asistentes eran aficionados del Necaxa. El estadio estaba pintado casi totalmente de playeras amarillas, por no decir que por completo. Literalmente parecía que estábamos en el Estadio Banorte y el visitante era el Necaxa.
Antes de que comenzara el partido también estaba presente mi propio pronóstico. Un día antes había planteado un empate 1-1, principalmente por las bajas que tendría América debido a la Fecha FIFA. Jugadores como Brian “Rayito” Rodríguez, Israel Reyes y Óscar Perea serían bajas importantes y, desde mi perspectiva, eso podía quitarle profundidad y variantes al ataque de las Águilas. Por eso esperaba un partido cerrado y pensaba que Necaxa podía aprovechar esas ausencias para competirle de tú a tú.
Sin embargo, conforme se acercaba la hora del partido, cambié un poco la perspectiva. Ya con las alineaciones sobre la mesa y viendo el momento que atravesaban ambos equipos, me inclinaba más por un 2-1 para América. No porque pensara que Necaxa no pudiera competir, sino porque veía mayores dificultades para los Rayos. Martín Varini había dejado de ser el entrenador el 12 de septiembre y apenas dos días después, el 14, Juan Reynoso ya había sido anunciado como su sustituto. El cambio significaba comenzar una reestructuración prácticamente sobre la marcha, con nuevas ideas, nuevas exigencias y una adaptación que apenas estaba comenzando.
A eso se sumaba la ausencia de Alexis Peña y Lorenzo Faravelli, dos jugadores que considero fundamentales para algo que caracteriza al Necaxa cuando consigue jugar bien: darle pausa al partido y llevarlo al ritmo que más le conviene al equipo. Son futbolistas capaces de recibir, asociarse y bajar las revoluciones cuando el encuentro necesita ser controlado, pero ninguno de los dos estuvo presente ante América.
También estaba el contexto alrededor de Luis Jiménez. Después de la derrota contra Puebla, el arquero había protagonizado una polémica al insultar a la afición necaxista al finalizar aquel encuentro, algo que explicaba en parte la tensión que se percibía alrededor de su figura y que esa noche volvió a hacerse evidente desde las tribunas.
Con todo eso en mente, mi pronóstico cambió del 1-1 al 2-1 para América.
Seguía pensando que el partido podía definirse en el segundo tiempo.
Y ahí, curiosamente, una parte de mi pronóstico terminó cumpliéndose.
Al final, el pronóstico se quedó corto.
Ya con la pelota en movimiento, Necaxa intentó cambiar la historia que se veía en las gradas. Los Rayos salieron presionando arriba y tuvieron la primera aproximación peligrosa con Matías Espíndola, quien mandó su remate por encima del arco. Al minuto 12 llegó una de las primeras grandes oportunidades. Julián Carranza quedó frente a la portería después de un par de rebotes, pero no logró definir.
América comenzó a encontrar espacios, principalmente por la banda izquierda de Necaxa. Cristian Borja, Érick “Chiquito” Sánchez y Carlos Álvarez empezaron a generar problemas con una triangulación constante que terminó siendo una de las armas más peligrosas del conjunto visitante. Los tres se buscaban, intercambiaban posiciones y aprovechaban los espacios que dejaba la defensa necaxista. Borja podía abrirse y proyectarse desde el lateral, Chiquito acercarse para asociarse y Carlos Álvarez aparecer por dentro, creando distintas líneas de pase que obligaban a la defensa de los Rayos a tomar decisiones constantemente.
Pero esa sociedad no era la única preocupación para Necaxa. Alejandro Zendejas también estaba teniendo un papel importante porque ayudaba a cerrar los espacios cuando los Rayos intentaban salir por su derecha y, cuando América recuperaba, podía convertirse rápidamente en una opción para avanzar. Su trabajo no se limitaba a esperar arriba: tenía participación en la presión, ayudaba a juntar líneas y permitía que América pudiera tener superioridad alrededor de la zona donde Necaxa intentaba progresar.
Los Rayos, por su parte, insistían por su banda derecha, pero Emilio Lara, Edwin Cerrillo y Zendejas cerraban los espacios y obligaban a Necaxa a cambiar de orientación o perder la pelota. América estaba consiguiendo que los carrileros necaxistas tuvieran menos libertad para proyectarse y, al mismo tiempo, comenzaba a juntar suficientes jugadores alrededor de la pelota para dificultar la salida.
El partido se convirtió en un intercambio de golpes.
Y al 36′, Necaxa encontró el primero.
Julián Carranza quedó nuevamente frente a Cota, hizo el recorte y, en lugar de buscar el disparo, tocó hacia su izquierda. Ahí apareció Owen González, quien definió para mandar la pelota al fondo de la portería.
El Victoria explotó.
La ventaja, sin embargo, duró poco. América encontró el empate al 39′ después de un tiro de esquina. Henry Martín apareció para empujar la pelota y devolver al partido a unas Águilas que ya habían generado varias oportunidades.
Necaxa volvió a adelantarse desde los once pasos. Una mano dentro del área americanista terminó en penal y Julián Carranza tomó la responsabilidad. Esperó, engañó a Cota y colocó el balón abajo, al costado izquierdo.
2-1.
Parecía que Necaxa podía irse al descanso con la ventaja. Pero el América todavía tenía una última carta. Cuando el primer tiempo agonizaba, el VAR llamó al árbitro por una mano dentro del área necaxista. Lo que parecía ser el último tiro de esquina del primer tiempo terminó convertido en penal para las Águilas.
Henry Martín caminó hacia el punto penal mientras todo el Victoria coreaba su nombre.
La Máquina no falló. Remató al centro y marcó el 2-2.
El empate antes del descanso era importante porque Necaxa había conseguido adelantarse dos veces, pero América había demostrado que cada vez que lograba superar la presión de los Rayos podía encontrar espacios. Además, el desarrollo del encuentro comenzaba a darle cierta razón a aquella parte de mi pronóstico que esperaba que el partido se definiera después del minuto 55 o 60.
Había imaginado un primer tiempo más cerrado y con los goles apareciendo después del descanso. Los goles, finalmente, llegaron mucho antes de lo que esperaba, pero la definición del partido sí terminó llegando en ese tramo del encuentro.
Y no era una idea completamente aleatoria. Antes del partido había revisado una tendencia que me llamaba la atención: tanto Necaxa como América venían concentrando una mayor cantidad de sus goles en los segundos tiempos. Por eso esperaba que, aunque el primer tiempo pudiera ser competido, el partido terminara abriéndose después del descanso.
Y eso fue exactamente lo que terminó ocurriendo.
El segundo tiempo comenzó con un América mucho más agresivo. Los centrales visitantes se adelantaron hasta prácticamente la media cancha y Necaxa tuvo que retrasarse. Los Rayos intentaban aprovechar los espacios que dejaba América al atacar, pero cada pérdida comenzaba a convertirse en una amenaza.
La diferencia respecto al primer tiempo estaba en la altura a la que se jugaba. Necaxa había conseguido presionar y salir con velocidad durante algunos momentos de la primera mitad, pero ahora América recuperaba más arriba y obligaba a los Rayos a defender durante períodos cada vez más largos. Julián Carranza comenzó a quedar más aislado porque la distancia entre él y los jugadores que debían acompañarlo aumentaba cada vez que Necaxa recuperaba la pelota.
Ahí comenzó a pesar todavía más la ausencia de Peña y Faravelli. Sin esos dos jugadores para recibir y darle pausa a las posesiones, Necaxa tenía menos capacidad para bajar el ritmo cuando América apretaba. Leyva y Pedraza podían aportar intensidad, recorrido y recuperación, pero el partido comenzaba a exigir algo diferente: alguien que pudiera quedarse con la pelota, hacerla circular y permitir que el equipo respirara.
América, en cambio, parecía cada vez más cómodo con el ritmo que estaba imponiendo.
Al 56′, llegó la remontada.
Daniel Leyva perdió la pelota en una disputa y el rebote quedó servido para Miguel Borja. El delantero tomó el balón, avanzó y definió con tranquilidad hacia la esquina inferior izquierda.
2-3. Necaxa comenzó a perder terreno y América siguió atacando por las bandas. Nuevamente apareció aquella sociedad por el costado izquierdo. Chiquito Sánchez, Carlos Álvarez y Cristian Borja continuaron triangulando, encontrando espacios y generando problemas cada vez que lograban avanzar con pelota controlada.
La clave estaba en que América no necesitaba que los tres permanecieran en posiciones fijas. Borja podía abrir el campo, Chiquito podía aparecer por dentro y Carlos Álvarez podía moverse entre líneas. Esa movilidad hacía que Necaxa tuviera que defender constantemente tomando decisiones sobre a quién seguir y qué espacio proteger.
Y mientras la defensa de los Rayos intentaba resolver ese problema, Zendejas seguía cumpliendo una función importante del otro lado. Su capacidad para cerrarse, presionar y acompañar las jugadas permitía que América mantuviera una estructura compacta cuando perdía la pelota. Además, cuando encontraba espacio podía acelerar las transiciones y obligar a Necaxa a retroceder.
Necaxa todavía tenía la pelota por momentos, pero cada vez le costaba más convertir esa posesión en peligro. Los Rayos movían el balón, pero América era quien parecía estar más cerca del siguiente gol.
Al 75′, otra vez apareció Henry Martín.
Un recargón sobre Alejandro Zendejas terminó en otro penal para América. Martín tomó nuevamente la pelota y volvió a cobrar.
Esta vez la mandó hacia su derecha.
Gol.
Hat-trick de Henry “LA MAQUINA DESGASTADORA DE DEFENSAS Y ANOTADORA DE PENALES” Martín y 2-4 en el Victoria.
Las tribunas ya eran prácticamente azulcremas. Desde el sector americanista comenzaron los gritos dirigidos a Luis Jiménez: “¡Quiere llorar, quiere llorar!”.
Necaxa intentó responder con cambios, mientras América incluso metió a Kevin Álvarez para acompañar a Martín en el ataque. Las Águilas continuaron buscando un quinto gol, pero ya no encontraron la portería.
Se agregaron seis minutos, pero el marcador ya estaba escrito.
El silbatazo final confirmó la remontada:
Necaxa 2, América 4.
Los números también ayudan a explicar la remontada. Necaxa terminó con el 52% de la posesión y 433 pases, pero el Ave generó 18 remates por 9 de los Rayos y consiguió ocho disparos al arco, el doble que su rival. Las Águilas no necesitaron tener más tiempo la pelota para generar más peligro y, además, tuvieron una precisión de pase ligeramente superior, con 79% frente al 75% de Necaxa.
Esos números cuentan una parte importante de la historia. Necaxa tuvo más posesión, pero eso no significó necesariamente que tuviera el control del partido. El América consiguió que sus ataques fueran más directos y peligrosos, mientras que los Rayos tuvieron dificultades para transformar su mayor cantidad de pases en ocasiones claras.
Más allá del resultado, me sorprendió el funcionamiento del América. Especialmente por la banda izquierda, donde Chiquito Sánchez, Carlos Álvarez y Cristian Borja encontraron una sociedad que durante varios momentos del partido hizo ver muy incómoda a la defensa necaxista. Las triangulaciones entre los tres fueron constantes y terminaron siendo una de las imágenes que más me dejó el partido.
Pero también me quedo con el trabajo de Zendejas, porque fue importante en una faceta que quizá pasa más desapercibida. No solamente participó cuando América tenía la pelota, sino que ayudó a cerrar espacios, acompañó la presión y permitió que el equipo pudiera mantener una estructura compacta cuando Necaxa intentaba salir. Su trabajo terminó complementando lo que América hacía por izquierda.
Necaxa comenzó ganando, volvió a ponerse arriba y aun así terminó viendo cómo el partido se le escapaba de las manos. La salida de Varini, la llegada reciente de Reynoso y las ausencias de jugadores como Alexis Peña y Lorenzo Faravelli representaban un contexto complicado para un equipo que todavía estaba buscando una nueva identidad.
América, en cambio, llegó con bajas provocadas por la Fecha FIFA. Yo pensaba que la ausencia de jugadores como Rayito Rodríguez, Israel Reyes, Óscar Perea y Raphael Veiga (este último por lesión) podía pesar y por eso inicialmente veía un empate. Después, al conocer las alineaciones y observar el contexto de Necaxa, me incliné por un 2-1 para las Águilas.
Pero Almada demostró que este América tenía suficientes recursos para que ese tipo de ausencias no terminaran condicionando el funcionamiento del equipo.
Yo había comenzado pensando en un 1-1. Antes del silbatazo inicial ya me había inclinado por un 2-1 para América. También esperaba que el partido pudiera definirse después del minuto 55 o 60, precisamente por la tendencia de ambos equipos a marcar una mayor cantidad de sus goles durante los segundos tiempos.
Los goles llegaron antes. La definición del partido, no.
Al final, las Águilas terminaron haciendo cuatro goles. El Victoria seguía siendo el estadio del Necaxa, sin embargo, nunca jugo de local.
El amarillo había tomado la casa de los Rayos.
