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Jesús Fuentes: El niño que soñaba con ser fotógrafo de National Geographic

Por: Paulina Ruiz Gil  Fotografía: María Fernanda Chávez Ortega

José de Jesús Fuentes Viveros es un fotógrafo, documentalista y conferencista mexicano reconocido internacionalmente por su trabajo para medios y empresas de alcance global como Disney, Televisa y National Geographic.

A lo largo de su trayectoria ha visitado más de 53 países y ha obtenido diversos logros profesionales por la calidad de sus producciones audiovisuales, entre ellos un León de Oro en Cannes y dos Grand Prix otorgados por la Asociación de Comunicadores de Estados Unidos. Obtuvo un León de Oro en el Festival Internacional de Creatividad Cannes Lions y dos premios Grand Prix otorgados por la Asociación de Comunicadores de Estados Unidos por su trabajo en producciones de televisión.

Por su conmovedora y admirable trayectoria, se ha dedicado a dar conferencias, con un aproximado de 752 hasta el momento, con el fin de inspirar a cientos de jóvenes a perseguir los sueños que los han acompañado desde la infancia.

“Ayudo a conectar a las personas con sus emociones”, dijo al referirse a su profesión.

En mayo, durante el “Vamos a Comunicar” ofreció la conferencia “Lista de sueños” en el auditorio Dr. Pedro de Alba de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA), donde compartió los retos profesionales y personales que ha enfrentado.

Jesús Fuentes trabajó como fotógrafo de respaldo (back up) y de guerra para National Geographic durante veinte años consecutivos. A través de su trabajo retrató las desigualdades sociales en el mundo, “desde refugiados, personas en pobreza extrema, personas segregadas hasta comunidades discriminadas”.

Para él, retratar estas realidades implica aprender a ser objetivo. No se trata de creer que se tiene la capacidad de elegir qué retratar y qué no, sino de reconocer lo que sucede y, con respeto, tomar ese fragmento de la realidad para comunicarlo, siempre pidiendo permiso a la imagen que se quiere transmitir.

“Un fotógrafo puede ayudar o destruir la fotografía… Tú tienes que decidir por medio de tu ética cómo debes retratar lo que está pasando para que el mundo lo vea, no puedes irte hacia un costado…”, explicó Fuentes.

Durante la conferencia relató cómo persistió durante dos años y ocho meses enviando una fotografía por día a cada editor de National Geographic. Sin embargo, al llegar a trabajar con ellos se encontró con nuevos retos y dificultades que quizás no había contemplado. Ante esto, el amor y la pasión por su sueño fueron lo que lo hizo perseverar.

“El amor… la pasión a tu sueño hace que permanezcas, nada es fácil.”

La profesión también lo expuso constantemente a situaciones de crudeza y peligro. “Aceptas que es el precio que tienes que pagar… yo tengo un rozón de bala en la pierna, tengo dos machetazos en la espalda, me explotó una granada cerca de donde estábamos mi equipo y yo, nos secuestraron… ¿Por qué regresaba?”

La respuesta, para Fuentes, está en la responsabilidad que siente hacia quienes necesitan conocer esas realidades: “Porque la gente merece saber la verdad, aunque a veces prefieran que les mientan”.

También mencionó que su vocación lo ha llevado a sacrificar momentos con su familia.

“Veo a mis hijos cada 15 días… el año pasado estuve 17 días en mi casa… Ayer, el Día de las Madres, no estuve con mi mamá porque estoy con ustedes… ¡que valga la pena!”

Cada vuelo, adversidad y alegría ha valido la pena para él, aunque para ese “Little Yisús”, como se llamaba a sí mismo en su infancia, la realidad no fue la que imaginaba.

“El niño que imaginé pensó que era muy glorioso… pero pagan mal, es muy arriesgado, no te dan el asiento ni de ventana ni de pasillo, vas en medio; vas limitado, te quedas en un hostal donde hay seis personas en el mismo cuarto… o en una tribu donde no hay baños, donde hay cólera… donde todo te pasa”, confesó.

José de Jesús Fuentes Viveros ofrece algo más que la historia de un adulto que cumple su sueño de niño: llegar y mantenerse no fue fácil, pero sabe que cada instante y sacrificio ha valido la pena por poder mostrar al mundo la crudeza de la realidad. Las cicatrices que lleva en la piel le recuerdan que ese “Little Yisús” ha logrado más de lo que pudo imaginar, y que a su paso ha dejado a cientos de personas inspiradas para luchar por sus sueños con propósito.

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