| |

Crónica: Amistoso Femenil México vs. Jamaica

Llegué a las inmediaciones del estadio y, mientras bajaba del Uber —cuyo chofer se la pasó viendo telenovelas todo el camino—, noté desde un inicio que el ambiente era diferente, o incluso algo apagado. Quizá podríamos atribuirlo al cielo gris que amenazaba lluvia o a los múltiples patrocinadores cubiertos con una malla negra e insípida. Sin embargo, había un par de mesas con actividades y juegos que, poco a poco, llamaban la atención de los aficionados.

Al entrar al estadio, lo primero que noté fue el campo tan bien cuidado y los patrocinadores que bordeaban perfectamente todo el terreno de juego. Poco a poco la gente fue llenando las butacas; en parte me dio gusto ver que asistían bastantes niños a un evento que durante mucho tiempo se les fue negando por el ambiente que generaban el alcohol y un Necaxa perdedor. Las dos selecciones salieron a calentar, pero la afición no le dio mucha importancia.

Militares ingresaron a la cancha y la gente empezó a chiflar porque el protocolo se retrasó más de lo esperado. Cuando saltaron al terreno de juego ambas selecciones, la afición gritó «¡México, México!» y el sonido local anunció el himno nacional jamaiquino; los aficionados guardaron silencio y lo escucharon respetuosamente de principio a fin. Después tocó el turno del himno nacional mexicano, entonado a una sola voz por la tribuna; algunos se quitaron las gorras y otros dejaron de grabar. Acto seguido, un impresionante espectáculo de pirotecnia que pintó todo el estadio de verde, blanco y rojo anunció el inicio del partido.

El encuentro dio comienzo y, desde los primeros minutos, Jamaica demostró su superioridad tanto en velocidad como en conjunto, dando pases cortos y buscando aperturas en la defensa mexicana. El primer gol no tardó en caer: al minuto 14, Jody Brown abrió el marcador tras ganarle la espalda a la zaga azteca en un centro raso; con una transición rápida y una diagonal precisa, superó la salida de Esthefanny Barreras. Todo el estadio se quedó en silencio mientras el sonido local anunciaba el gol antes de que el juego se reanudara.

Cinco minutos después y casi sin que nadie se diera cuenta —cuando la selección nacional apenas intentaba adueñarse de la pelota—, Khadija Shaw amplió la ventaja para las caribeñas. Recibió dentro del área y la clavó al fondo de la red con un remate certero, aprovechando otra desatención defensiva y la tardía salida de la arquera.

Esta vez el estadio no perdonó. Entre abucheos y gritos, la selección mexicana se reunió en círculo mientras el técnico daba indicaciones. A partir de ahí, cambiaron su planteamiento hacia uno más ofensivo: mantuvieron una línea de cuatro, pero más adelantada y dispersa, buscando presionar constantemente para recuperar rápido el balón. No obstante, al momento de tener la pelota se les notaba la ansiedad por generar peligro, ya que hasta ese punto solo registraban dos tiros al marco. Las laterales, en vez de apostar por retener la posesión, eligieron los pases largos y centraron en cada oportunidad, recurso que poco o nada rendía frutos ante la velocidad, el físico y el buen bloque defensivo de las jamaiquinas.

No fue sino hasta que, tras una falta de las visitantes, Lizbeth «La Maga» Ovalle descontó para la Selección Mexicana mediante un tiro libre directo impecable, que hizo estallar de júbilo a la afición en Aguascalientes.

Sin embargo, el gusto duró poco. Al apostar por un juego más volcado al frente, la defensa volvió a equivocarse y Jamaica explotó una de sus mayores virtudes: la velocidad al contragolpe y las paredes para romper la zaga mexicana. En una de esas jugadas, Khadija Shaw quedó mano a mano contra la portera mexicana en un contragolpe de cinco contra dos a favor de las visitantes. La arquera tapó el disparo y el balón le rebotó en el pecho, pero el rechace le cayó a Rebeca Bernal. La jugadora se tardó demasiado en resolver la jugada; una atacante jamaiquina le robó el balón y, cuando Bernal intentó despejar, terminó cometiendo una infracción dentro del área. El árbitro marcó penal. Deneisha Blackwood fue la encargada de firmar el tercero para Jamaica al cobrar con efectividad al poste derecho: un tiro colocado y potente, imposible de atajar.

Aun así, México empezó poco a poco a circular mejor el balón, buscando espacios para pisar el área chica. Ya no se veía a un equipo acelerado, sino a uno más paciente que administraba la posesión. Mientras tanto, en las tribunas la afición apoyaba con coros de «¡México, México!» y el infaltable «¡Sí se puede!».

Al minuto 44, muy cerca del final del primer tiempo, Rebeca Bernal acercó nuevamente al Tri al rematar con un cabezazo potente un centro medido y casi quirúrgico enviado por Alice Soto en una jugada a balón parado.

Llegó el medio tiempo y casi nadie se despegó de su asiento. Había la sensación de que el partido aún no estaba resuelto: si bien Jamaica era ama y señora del trámite, México sabía aprovechar al máximo la calidad individual de sus jugadoras y podía cambiar el rumbo en cualquier momento.

Para la segunda mitad, México salió con otra actitud, adueñándose del balón desde los primeros minutos. Se notaba un equipo con mayor paciencia, que ya no regalaba pelotazos desesperados, sino que tocaba la pelota de lado a lado buscando abrir el bloque defensivo de Jamaica. Las caribeñas, conscientes de su ventaja, decidieron replegarse un poco más en su propio campo, cediendo la iniciativa y apostando todo a un zarpazo al contragolpe.

Las tribunas volvieron a encenderse. El «¡Sí se puede!» resonaba por todas las esquinas del Victoria cada vez que Ovalle tomaba el balón por la banda o cuando la pelota merodeaba el área rival. A pesar del dominio territorial del Tri, la muralla jamaicana parecía impenetrable. Pasaban los minutos y la frustración empezaba a sentirse de nuevo en el ambiente, mientras la lluvia, que desde el inicio amenazaba con caer, finalmente comenzó a soltarse con fuerza sobre el césped.

El juego se volvió ríspido, de mucho choque en medio campo y faltas tácticas. Aun así, la afición acalitana no dejaba de apoyar bajo el agua. Pero cuando el partido entraba en su recta final y México estaba completamente volcado al frente, llegó la jugada que enfrió el estadio: al minuto 90, en una transición a velocidad donde la defensa mexicana quedó mal parada en el regreso, Solai Washington recibió un balón filtrado y soltó un zurdazo cruzado impecable para poner el 2-4.

Pese al golpe, a este partido le quedaba una última emoción. Ya en el tiempo de compensación, al minuto 94, en una jugada desesperada con más ganas que orden, Charlyn Corral cazó un balón suelto dentro del área chica y metió un derechazo cruzado inapelable para poner el 3-4 definitivo. La gente en las gradas gritó el gol con fuerza bajo la lluvia, pero el festejo duró apenas unos segundos, pues, inmediatamente después del saque de centro, el árbitro central pitó el final del encuentro.

Cuando la gente comenzaba a juntar sus cosas para salir del estadio tratando de esquivar el agua, noté un tumulto cerca de la zona de acceso hacia la cancha. Muchísima gente, sobre todo niños y jóvenes, se arremolinaba en las primeras filas de la tribuna buscando un recuerdo de Lizbeth «La Maga» Ovalle, la jugadora nominada al Balón de Oro. Fue un detalle genial de su parte: a pesar del desgaste del partido, del marcador y de la lluvia que ya caía con ganas, Lizbeth se tomó el tiempo para acercarse a la valla, firmar autógrafos a todos los que pudo y tomarse fotos con una sonrisa.

Al final, salí del estadio con un sabor agridulce por el resultado, pero reconociendo que presenciamos un verdadero espectáculo de siete goles y un gran gesto humano que terminó por redondear la noche en Aguascalientes.

Similar Posts